Comercio callejero de mascotas sin control
Cientos de mascotas se ofrecen cada día en las calles de Managua. Mientras los compradores se sienten estafados cuando sus animalitos se mueren, los vendedores o intermediarios encuentran en esta actividad una alternativa de empleo, pero no pueden garantizar calidad total.
Buena parte de los vendedores de animales se había esfumado de las calles y los mercados de Managua el pasado miércoles 3 de febrero. Casi todos desaparecieron. Los vendedores de perros se mantuvieron en sus puestos.
Un día antes las autoridades ambientales habían hecho una redada en el mercado Oriental, el más grande de la capital, para detener el comercio de animales silvestres. Vender animales domésticos no está prohibido por la ley, pero sí mantenerlos en condiciones que no son las adecuadas.
De cualquier manera, los vendedores de animales domésticos no le temen a las autoridades por varias razones.
Primero, porque este comercio no es ilegal. Segundo, porque ni el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), ni la Policía Nacional, se toman su tiempo para revisar las condiciones o trato de estos animales. Tercero, porque los comerciantes aseguran que se están ganando la vida igual que cualquier intermediario de otro producto.
Quizá esa sea la razón por la que Ronaldo García se enorgullece de haber sido uno de los pioneros en el comercio de mascotas, entiéndase perros, en sitios no regulados.
“Ventas clandestinas”, les llama, aunque de clandestinas no tienen nada, salvo por la falta de regulación.
Estos puestos de animales domésticos se encuentran principalmente en la Carretera Sur, Carretera a Masaya y en algunos semáforos de Managua, sobre todo en los distritos Cinco y Tres de la capital.
El negocio es malo o bueno, en dependencia de quién lo mire.
No es bueno para alguien que tiene dinero para desembolsar, por la compra de una mascota, el equivalente al pago de 15 días de trabajo de un maestro, y que luego se le muere; pero no es malo para García, que sólo quiere alimentar a su familia y que sus hijos no falten a la escuela.
A simple vista el trato parece justo, pues el cliente paga un precio relativamente bajo por canino y puede alardear de tener un perro de raza pura.
A cambio, García obtiene como mínimo diez dólares diarios en ganancias, por ser intermediario entre los verdaderos dueños de las mascotas y los interesados en comprarla. A veces es García el verdadero dueño, pero no siempre, ya que su ganancia no le da para comprar perros y revenderlos.
Hasta ahí todos están felices. El cliente acaricia su lindo perro, intercambia besos y lamidos, mientras los intermediarios cuentan su ganancia y los dueños esperan por su dinero.
Link: http://www.laprensa.com.ni/2010/02/08/nacionales/15520
Escrito: Febrero 8, 2010 en la Sección Nota Diaria.
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