Los antioxidantes son nutrientes importantes que se producen naturalmente para ayudar a mantener la salud retrasando el proceso de envejecimiento destructivo de las moléculas celulares.
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Los antioxidantes también pueden ser importantes para mejorar la respuesta inmunológica y el reconocimiento de las vacunas en los perros y los gatos. Esto puede ser especialmente importante para los animales jóvenes que son vacunados cuando su sistema inmunológico aún está en desarrollo.
Los antioxidantes también pueden invertir la disminución de la función celular inmunológica en los perros y gatos senior. Una mezcla de varios antioxidantes en cantidades moderadas puede ser más eficaz que altos niveles de un solo antioxidante.
Los antioxidantes son nutrientes que se encuentran de forma natural en el cuerpo y en plantas como las frutas y los vegetales. Algunos antioxidantes comunes son las vitaminas A, C y E y ciertos compuestos llamados carotenoides (como la luteína y el betacaroteno).
A medida que las células funcionan normalmente en el cuerpo, producen moléculas dañadas llamadas radicales libres. Estos radicales libres son muy inestables y roban componentes de otras moléculas celulares, como grasas, proteínas o ADN y, por tanto, diseminan el daño.
El daño continúa en una reacción en cadena y, en muy poco tiempo, células enteras se dañan y mueren. A este proceso se le conoce como peroxidación. La peroxidación es útil porque ayuda al cuerpo a destruir las células que han sobrevivido su vida útil, y a matar gérmenes y parásitos. No obstante, la peroxidación, si es incontrolada, también destruye o daña las células saludables.
Los antioxidantes ayudan a prevenir la destrucción masiva de células donando, voluntariamente, componentes para estabilizar los radicales libres. Lo que es aún más importante es que los antioxidantes regresan a la superficie de la célula para estabilizar y no para dañar otros componentes celulares.
Cuando no hay suficientes antioxidantes para mantener controlada la peroxidación, los radicales libres comienzan a dañar las células saludables, lo cual puede originar problemas. Por ejemplo, el daño de radicales libres a las células inmunológicas puede aumentar el riesgo de infecciones.