En las relaciones que el perro tiene con el ambiente, con otros animales y con el hombre se evidencian diez comportamientos naturales: docilidad, sociabilidad, temperamento, curiosidad, vigilancia, temple, coraje, agresividad, posesividad y combatividad.
Cualesquiera de estas conductas pueden ser más o menos acentuadas según la raza. Pueden potenciarse entre sí, contraponerse e incluso anularse, formando una auténtica carta de identidad.
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Es la facilidad del perro para aceptar al hombre como su superior jerárquico. Un perro dócil es aquel que acepta al humano en el rango de guía equivalente al líder de las agrupaciones caninas salvajes. La docilidad no debe confundirse con la timidez ni el miedo al castigo; parte de la confianza y la entrega natural y beneficiosa a un mismo proyecto de vida.
El perro, animal gregario, sólo se desarrolla plenamente integrado a comunidades. Un ejemplar sociable que se inserta con naturalidad dentro del ámbito propicio gana en lo personal. La falta de sociabilidad se manifiesta con temor, ansiedad e inquietud. La sociabilidad y la docilidad son dos comportamientos de base que se declaran en el cachorro desde el segundo mes de vida.
Contempla la intensidad y la velocidad de respuesta ante los estímulos externos de cualquier naturaleza. No debe entenderse como sinónimo de carácter ni, mucho menos, de agresividad. Tal como sucede con la sociabilidad y la docilidad, la instrucción canina permite acrecentar el temperamento.
En el perro, lo que llamamos curiosidad se denuncia en el deseo, el placer y la facultad de interesarse, naturalmente, en todo lo circundante. Se origina en la aptitud de explorar territorios, descubrir entornos, problemáticas y resoluciones nuevas, acrecentando la conducta instintiva. La presencia de esta cualidad es primordial para el éxito de todo aprendizaje y adiestramiento.
Representa la característica sensitiva del perro para advertir algo anormal, o acaso peligroso, que lo amenace como individuo o como integrante de una jauría (que encuentra equivalente en la familia humana). A veces, asociada con la gran sensibilidad olfativa y auditiva, la aptitud vigilante le permite intuir gravísimos eventos naturales, como aludes, terremotos, inundaciones, incendios o tormentas, y resolver por anticipado la guarda del grupo.
En el campo de la conducta canina, el temple describe la capacidad de resistencia ante una acción o un factor externo desagradable o agresivo. Es condición indispensable para la guardia.
Esta cualidad sintetiza una concordancia de impulsos para enfrentar positivamente situaciones riesgosas, conocidas o no, que pudiesen afectar la integridad física del individuo o de su grupo comunitario. El coraje se opone al miedo y al instinto individualista de fuga, aun a costa del sacrificio personal en defensa del conjunto (jauría o familia).
La agresión es la reacción física del perro ante un supuesto peligro, ya sea la amenaza territorial, de él mismo, de sus congéneres o de los seres a su cuidado. Siempre obedece a un motivo pro vida. En los caninos salvajes este comportamiento es primordial para obtener alimento y, consecuentemente, se relaciona con el instinto predatorio y la supervivencia del más apto. En los perros domésticos, nos interesa que esta reacción ocurra, pero de un modo proporcionado.
Se dice que un perro es posesivo cuando está naturalmente predispuesto a convertirse en dueño de algo o alguien. Apropiarse de seres u objetos se manifiesta como expresión de competitividad y confirmación del espacio aprehendido.
Es la capacidad de luchar con vigor contra un estímulo exterior negativo ni bien éste se manifiesta. Verdadero “resorte” emocional, la combatividad se expresa con una firme actitud de lucha. Incluye las señales atávicas de la especie presentes en los rituales de combate entre caninos (la posición de la cola y las orejas y el pelo de la cruz erizado).
La presión selectiva, ambiental y humana hace que en cada raza se destaque o predomine alguna de estas cualidades naturales. Esto explica, por ejemplo, la desobediencia y las frecuentes fugas de muchos siberian huskies; en los spitz la docilidad es baja y muy altos la curiosidad, la vigilancia y el coraje.