Hace 380 millones de años, los machos de algunos peces fertilizaban a las hembras anclándose a la vagina y manipulando su aleta pélvica para hacer llegar el esperma. Así lo demuestran unos fósiles extraordinariamente bien preservados de estos animales que se han descubierto en Australia. Los científicos consideran que este hallazgo representa la evidencia más antigua hallada hasta ahora de una fecundación por inseminación interna.
Hay una vieja broma que circula entre los paleontólogos, y es que la mayoría de los descubrimientos tienen lugar en los cajones de los museos y no en los propios yacimientos, pues a menudo son personas distintas quienes los descubren y quienes, más tarde, los desempolvan y los estudian.
Un fósil que preserve las partes blandas de un organismo es un verdadero regalo de la naturaleza. Es extraordinariamente raro que ocurra, y lo normal es que el tiempo borre toda huella de vida menos las partes mineralizadas: conchas, huesos o dientes de animales.
Pero demos a la vida 3.000 millones de años -600 millones de años, en el caso de la vida animal- y es probable que alguna que otra vez determinados organismos se vean, por ejemplo, abruptamente sepultados por barro o lava, queden por lo tanto atrapados en entornos sin oxígeno y permanezcan allí "momificados", a la espera de ser descubiertos por una especie que llegará cientos de millones de años después, el Homo sapiens, ansiosa por escuchar su historia.
Ha habido escasos pero valiosos ejemplos de estos afortunados encuentros -el más famoso, el de Burgess Shale, conserva fósiles de cuerpo blando en el que se aprecian hasta los vasos sanguíneos, con una calidad y una diversidad genética sin precedentes-. Uno de ellos lo protagonizó hace unos meses John A. Long, del Museo Victoria de Melbourne (Australia), al descubrir un embrión con cordón umbilical en el interior de un placodermo ptictodóntido (un pez primitivo de hace unos 380 millones de años) y adelantar así en el tiempo los orígenes del viviparismo. Los animales vivíparos son aquellos cuyas hembras paren crías completamente formadas que se han gestado y alimentado en el interior de la madre.
Esta vez, un nuevo descubrimiento publicado en Nature ha profundizado aún más en los primeros vivíparos. El mismo paleontólogo, John A. Long, y otros dos colegas australianos decidieron reexaminar a dos ejemplares adultos de Incisoscutum ritchiei, del orden de los artrodiros (placodermos) que habían sido previamente estudiados y que habían destacado por una peculiaridad: cada uno de ellos contenía en su interior a otro animal de menor tamaño, aparentemente también placodermo, que supuestamente acababa de ser ingerido en el momento de la catástrofe que inmortalizó sus restos.
Pero un estudio minucioso de aquellos dos peces acorazados y mandibulados, del Devónico superior (hace 380 millones de años), reveló que los pequeños artrodiros en el interior de sus cuerpos no representaban un copioso festín, sino embriones gestándose en el cuerpo de su madre, como había ocurrido con los ptictodóntidos. ¡Los artrodiros también eran vivíparos!
En efecto, el hallazgo de los dos embriones y la excelente preservación de los fósiles han permitido obtener, por primera vez según los autores del estudio, las primeras evidencias de que aquellos animales estaban anatómicamente preparados para la fertilización interna y la gestación de crías.