Hay quien adquiere un acuario y coloca dentro de él todos los elementos para que éste luzca decorativo. Pero más allá del sentido estético, puede despertarse en nosotros una auténtica pasión por el mundo marino. La afición puede dar paso a un gran interés y es en ese momento cuando sentimos a los peces que nadan en nuestro acuario como verdaderos animales de compañía.
Dentro del maravilloso mundo de la reproducción de los peces, encontramos tres líneas básicas, claras y precisas. Por un lado, tenemos los ejemplares vivíparos; peces que dan a luz de forma natural a su prole y, lo que es aún más sorprendente: la cría viene al mundo perfectamente formada. La fertilización se produce de modo interno.
Por otro lado, encontramos peces que se definen como ovovivíparos. La fertilización, al igual que con los vivíparos, se realiza de forma interna, pero los huevos son 'guardados' por la hembra hasta que tiene lugar la eclosión de los mismos. La alimentación de los futuros peces se realiza, no por medio de la madre como se podría llegar a pensar, sino a través del vitelo del huevo.
El tercer y último patrón de reproducción es el ovíparo; el más extendido entre los peces. Este tipo de reproducción se lleva a cabo mediante fertilización externa, siendo los huevos expulsados al exterior. Este momento se conoce por el nombre de desove, es decir, la acción que practica la hembra de un pez o de un anfibio al soltar sus huevos o huevas.

Distinguir el sexo de un pez no siempre es una tarea fácil. Los órganos sexuales o gónadas se localizan dentro de su cuerpo por lo que, a simple vista, será complicado afirmar quién es macho y quién es hembra. Hay ocasiones en la que los órganos sexuales son visibles porque algunos peces han mutado una aleta en un órgano copulador. De esta forma, el macho puede fecundar los huevos localizados en la hembra de forma interna; éste es el caso de los pecílidos.
Sin embargo, en otras especies no se observan diferencias en los órganos sexuales, es por esto que tendrá que recurrirse a datos de otro tipo para que nos ayuden a determinar el sexo de los peces. Estos rasgos de carácter secundario pueden ser el color, el tamaño del cuerpo o la forma y tamaño de las aletas.
Otras veces, este tipo de rasgos no serán definitorios y habrá que fijarse en aspectos como el comportamiento. Por último indicar que existen especies antes los que es imposible pronunciarse acerca de su sexo.