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¿Cómo llevan a cabo los gatos el cortejo?

Los gatos se pasan, una buena parte del tiempo preparando el acto del apareamiento.

cortejo de los gatos

Sus prolongadas “orgías” y promiscuidad les han dado una reputación de lascivia y lujuria durante siglos y siglos. No se trata de que el acto del apareamiento en sí sea muy largo o particularmente erótico. En realidad, todo el proceso de la cópula raramente sobrepasa los diez segundos, y a menudo es aún más breve. Lo que otorga a los felinos su fama de lascivos es el parecido de sus reuniones sexuales con las de una pandilla de “Hell’s Angels”.

Se ve a una hembra escupiendo, zarandeando y golpeando a los machos en un momento determinado y al instante siguiente ya está retorciéndose por el suelo. Se ve a un corro de machos, aullándose, gimiendo e increpándose unos a otros y pensamos que esperan turno para violar a la hembra.

Pero la verdad es un poco diferente. En realidad, el proceso puede durar horas, incluso días, en una continua actividad sexual, y es la hembra la que está al mando de todo lo que va sucediendo. Es ella la que marca el compás y no los machos. Éstos responden a sus especiales olores sexuales y acuden todos a su alrededor. El Tacho en cuyo territorio ha elegido la gata llevar a cabo su despliegue sexual es, inicialmente, el más favorecido, porque los otros machos de los territorios vecinos tienen miedo de invadir su terreno. Pero una gata en celo es más de lo que pueden resistir, por lo que corren el riesgo. Esto lleva a una serie de peleas de macho contra macho (y son éstas las responsables de la mayor parte del ruido, y la razón de que los maullidos y los aullidos se crean, erróneamente, que son algo sexual, cuando, en realidad, constituyen una cosa puramente agresiva). Pero el foco del interés es la hembra, esto ayuda a que se desarrollen las peleas entre machos y permite que se forme un corro de ellos en torno a la hembra.

La gata exhibe sus ronroneos y canturreos, rueda por el suelo, se frota y se retuerce para fascinar las miradas de los machos, que no se apartan de ella. Llegado el momento, uno de los machos, probablemente el dueño del territorio, se le aproxima y se sienta junto a ella. Para su desgracia se ve atacado a golpes de las aguzadas garras delanteras de la gata. Le escupe, le gruñe y el gato se retira.

Cualquier macho que se le aproxime se ve pronto despedido de igual manera. La gata es la dueña de la situación y será ella la que, llegado el momento, elija qué macho se le puede aproximar de una manera más íntima. El que lo consiga puede ser el gato dominante allí presente, o no. Esto es indiferente para la gata, pero ciertas estrategias del macho le ayudarán a tener éxito. Lo más importante es avanzar hacia ella sólo cuando la gata esté mirando hacia otro lado.

En cuanto se vuelve en la dirección del macho, éste se inmoviliza, como el niño que juega al juego llamado de las “estatuas”. La gata ataca cuando ve el avance en sí, y no el cuerpo inmóvil que, por arte de magia, está ahora más cerca que antes. De este modo, un gato con la suficiente precisión llega a encontrarse muy próximo a ella. Entonces el gato le brinda un extraño gorjeo gutural y, si la hembra responde escupiéndole y bufándole, el macho eventualmente se arriesgará a llegar al contacto. Comienza tomándola por el pescuezo entre sus mandíbulas, y luego la monta con cuidado. Si la gata está dispuesta a copular, aplana la parte delantera de su cuerpo y alza el trasero en el aire, torciendo la cola hacia un lado. Se trata de la postura denominada “lordosis” y representa la invitación final al macho, permitiéndole la cópula.

A medida que transcurre el tiempo, la “orgía” cambia de estilo. Los machos se van saciando y están menos interesados por la hembra. Ésta, por otra parte, cada vez parece más y más lujuriosa.

Tras haber conocido a un macho tras otro en unos intervalos relativamente breves, de tal vez varios días, cabría imaginar que habría quedado saciada, pero no es así. Mientras persista un ápice de su período de celo querrá parearse, y ahora los machos
deberán ser alentados. En lugar de juguetear, debe trabajarles bien para suscitar su interés. Lo hace con un buen muestrario de gorjeos, roces y, en especial, revolcándose por los suelos. Los machos siguen sentados observándola, y de vez en cuando consiguen mostrar el suficiente entusiasmo para montarla una vez más.

Llegado el momento todo habrá acabado, y las probabilidades de que una gata regrese a casa sin haber sido fertilizada tras unos acontecimientos semejantes son altamente remotas.

Fuente: http://www.sonrisasygatos.com/2008/11/%C2%BFcomo-llevan-a-cabo-los-gatos-el-cortejo/

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Comentarios

Comentario de dedo
Hora: 14 Junio 2010, 22:25

hola es super todo miau miauuuuu

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